sábado, 8 de noviembre de 2014

Diseño y Fin...

Correr...! Entiendo que corriendo puedo ser un buen atleta me aconsejaba un antiguo maestro de Kárate, pero si quiero ser un buen karateka mejor golpeo 1000 mae-geris, pero el caso es que en mi forma de entender la vida no me gusta la especialización, sé que no seré bueno en nada, pero pasan los años y recojo el fruto de mi trabajo.
Decía que en esas meditaciones matutinas que realizo corriendo unas veces con la luna de compañera, otras con el sol y algunas con ambos, me pillan las ideas sin avisar y luego o se me olvidan o bien tengo tantas cosas que hacer.
Descubro el suelo cada vez que apoyo mi pie después del vuelo en cada paso de carrera, pero a veces como el rayo salta una idea se fija en mi mente y me acompaña un rato hasta que me encuentro con el agua fría matutina sobre mi piel, la pobre idea se marcha de mi mente, normal! como para no marcharse! Algunas veces vuelven, como el viajero que huye... dice el tango que tarde o temprano detiene su andar.
En este momento ha vuelto una joven viajera que huyó hace unos días, ¿para qué están diseñadas las artes marciales? Durante siglos se diseñaron para preservar la vida tanto individual como grupal, visto como tal ahora servirían de poco y de hecho con la aparición de las armas de fuego perdieron su función las artes de lucha occidentales.
Sin embargo cada vez que lanzo una patada o un puñetazo compruebo como mi cuerpo no está en la posición correcta, mis huesos se han desplazado del lugar donde durante siglos se colocaron de manera natural. ¿Acaso patear de manera correcta no me obliga a colocar mi cadera en posición orgánica? ¿Acaso esto no es salud? ¿Acaso la salud no preserva la vida? o al menos la felicidad.
Por ambas razones considero que las artes marciales están diseñadas para un fin que no es otro que llegar a la vejez de forma digna, tanto si tengo que defenderme de los ataque de un individuo joven más fuerte que yo o si quiero llegar con la salud suficiente para ser un individuo feliz. Esto me llevaría a la segunda clase de valentía, no tener miedo a sufrir pérdidas, tanto si me siento seguro en cualquier situación de agresión, como si me siento a gusto con un cuerpo que la naturaleza diseñó para estar bien hasta el final de sus días.

Esto me lleva a patear bien y tendré una cadera suficientemente elástica como para poner el alma en su lugar, a caer bien y poder escurrirme de situaciones difíciles... A mantener una inteligencia corporal hasta el final de mis días, para esto y muchas cosas más se diseñaron las artes marciales.

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